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Equinoccio de primavera

Regreso del abismo
Del invierno
Como ascendiendo
De una ola

Una marea
Lenta y constante
Que sin aviso
Me arrastró a la oscuridad

¡Hay que ver! ¿cuántas veces lo he pasado?
Treinta y siete para ser exacto
Pero no hay manera
Por suerte o por desgracia, como dicen
Siempre me sorprendo en el abismo del invierno sin darme cuenta

Se me pasa inadvertido.
No sé que he caído hasta que una mañana primaveral,
de sol y pájaros,
me empieza a levantar.

Como una cuña, como un trino, como una marea.

Sé de donde viene,
viene de la tierra, del sol, del agua, de las estrellas o de todo el cosmos.
Lo que no sé, es de dónde me agarra.
Y tan lento como me ha hundido,
comienza sacarme

Bello ciclo, bello de verdad.
Cuando estoy en el abismo,
todo es oscuro y desolado,
Pero ¡cuán importante se convierte para poder ascender!
Abismo y montaña se complementan,
lo uno no existe sin lo otro.
Vaya paradoja.
¡Bienvenido ascenso de la luz!


P.D.:
No me avises, por favor, una vez más, sorpréndeme.

No te salves

No te quedes inmóvil
al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca
no te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo

pero si
pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el júbilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas
entonces
no te quedes conmigo.

Mario Benedetti