La mente clara

Hoy me acosté. Rendido de un día de actividad física y mental. Sin parar un momento con el trajín de los niños, el trabajo, los proyectos y las obligaciones.
Había soñado tan bien la noche anterior, un sueño de claridad, donde mi espaciosa mente se había expandido a sentir lo que quería, lo que necesitaba. Mi consciencia estuvo atenta para no perderse ningún detalle, pero sin identificarse con lo que sucedía para poder así disfrutar. Si hubiese sido yo quien, mientras volaba en parapente, se hubiese soltado para arrojarse en caída libre desde una altura tan elevada para caer sobre un precipicio medio nevado y retornar a casa caminando, habría pasado miedo, no hubiese podido disfrutar. Pero siendo consciente de estar soñando y a la vez estar habitando un mundo tan amplio, tuve la libertad de dejarme ir, de desafiar las fuerzas de la naturaleza y sin temor a nada, hacer lo que me apetecía. Sentí un tremendo vértigo, una sensación de caer y la incertidumbre de si realmente iba a sobrevivir a la caída. Volaba en una especie de parapente, como en tantas otras ocasiones he soñado. Debajo el mar y un acantilado cubierto de una pequeña capa de nieve o hielo, y al ser consciente de lo que estaba haciendo me dije, <¿por qué no soltarme y caer hasta el fondo?. Intentaré reducir la velocidad para aterrizar suavemente>. Y así fue, en el ultimo instante de la caída, ya por estrellarme contra el suelo, logré planear y caer de pie sobre una cornisa. Entonces emprendí el camino a casa, pero esa es otra historia.
Hoy, antes de dormirme, recordé lo bonito que había sido aquella experiencia (pensar que hay gente que paga por ello y no lo vive ni con la mitad de la intensidad). Entonces, por fin de noche, pero con mi mente aturdida de todas las actividades del día, hice un ejercicio voluntario de despejarla, abandonado todo lo que le ocupaba, sintiendo el estado en que se hallaba, y diciéndome que en realidad todo lo que tenía dentro, memorias, sensaciones y experiencias eran un producto de mi mente. Me empece a relajar y me dormí. En un momento de la noche, entre en ese mundo y vivi varias aventuras indescriptibles, adquirí conocimientos y experiencias, vi espacios, construcciones, personas que no conocía, y me desperté con la mente y el cuerpo renovados.
No sé que me depara el “lila” o sueño de hoy, la vida de vigilia, y si, mi cuerpo tendrá que ceñirse a las leyes naturales, pero eso no me impedirá ser plenamente consciente y controlar mi estado interno y el grado de implicación en lo que suceda.
Buscare en todo momento que mi mente no caiga en la oscuridad de los condicionamientos. Seré libre y luminoso.

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